OperaMía: ‘Renacer’

 
Por Miguel Ángel Yusta

     Como un mal sueño, como una tremenda pesadilla de la que no llega el liberador despertar, estamos asistiendo cada vez más angustiados a la mayor catástrofe sanitaria mundial de los últimos cien años.

    Estábamos alegres y confiados, como los ciudadanos de don Jacinto Benavente, llevando nuestras vidas con el ritmo febril impuesto por esta sociedad que nos impide mirar hacia atrás y a los lados. Nada parecía alterar ese ritmo, pero  la desmesurada confianza por una parte y la grave imprevisión por otra, nos pasa y nos pasará una larga y penosa factura.

 

  En ese mundo de la cultura, donde se contienen tantos y tan diversos espacios, existe el sector de la ópera, del se ocupan estas líneas. Y ahí, que es una columna fundamental del edicicio cultural, está sucediendo una verdadera tragedia de imprevisibles consecuencias con un patente desamparo, sobre todo en nuestro país, donde se desoyen las constantes llamadas de socorro de un estamento cuyo abandono tardará años en recuperar su pulso.

    He visto personalmente y escuchado las quejas de cantantes líricos de amplias y sacrificadas carreras que, desde la impotencia, están pasando un verdadero calvario que dura meses y cuyo final es todavía imprevisible.

    Es indudable y penoso saber que hay muchos sectores en esta dificultad, pero esta sección se dedica a comentar hechos del mundo de la ópera y es por ello por lo que rompemos una vez más una lanza en favor de este sector tan necesario en esta crisis para el aliento y alimento de la sociedad, pues no olvidemos que la cultura es una terapia imprescindible para el mantenimiento y recuperación de la sociedad y de sus valores.

   Es muy conocida la respuesta que dio Sir Winston Churchill a quienes durante la II Guerra Mundial le propusieron  recortar el apoyo a la cultura. El político respondió ¿Quitarle el presupuesto a la cultura? Entonces ¿para qué luchamos? Y es que, sin cultura, la sociedad se embrutece y muere e inútiles son otros objetivos (naturalmente si exceptuamos los urgentes en esta crisis, como son los sanitarios) si no atendemos a  mantener vivos a los protagonistas tan diversos de las actividades de la cultura.

     Si vamos a una terraza, si entramos en un supermercado y en un centro comercial hacemos cola para comprar a buen precio, no tiene explicación lógica que ciertas actividades líricas estén tan estrictamente limitadas  y otras tengan tantas trabas para su correcto y reglado desarrollo. Las constantes suspensiones y recortes en el panorama lírico de nuestro país son, en principio, decepcionantes, a pesar de los esfuerzos de todos los trabajadores del sector.

     Hay que cruzar este mar proceloso hasta encontrar la orilla apacible, pero muchos van a naufragar en esas olas porque parece que no hay suficientes chalecos salvavidas. En un horizonte de esperanza, pero que aún se nos antoja lejano y con dificultades, es momento de buscar apoyos firmes y estables también para este estamento. Hay que ayudarles. Hay que renacer.

   Y como triste noticia nos ha llegado la del fallecimiento por coronavirus de la soprano zaragozana Pilar Torreblanca, a los 65 años. Pilar, discípula de grandes maestros como Alfredo Kraus, Renata Scotto,Giuseppe Di Stefano, actuó en EEUU, Alemania, Italia y otros países y era una experta en Rossini. Debido a su poliomielitis no pudo desarrollar plenamente su carrera, pero siempre tuvo dedicación y entusiasmo, vocación y calidad. Descanse en paz otra víctima de esta terrible peste que nos invade y que esperamos vencer lo antes posible.

      Apacibles y prudentes Fiestas y el deseo de un Año Nuevo en el que renazcamos.

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