
Por Fernando Gracia
Tras más de 30 años de trayectoria, la compañía Teatro del Temple da un paso más y se alía nada menos que con la Compañía Nacional de Teatro Clásico para subir a las tablas uno de los textos menos representados del eterno Lope de Vega.
Tuvimos la suerte de asistir a su estreno en nuestro primer coliseo, y a mi modo de ver bien se puede decir que la experiencia fue altamente positiva. Con los nervios propios de un estreno, que se tradujeron en alguna leve vacilación en la declamación o algo de velocidad en la dicción -en posteriores funciones corregida, según supe-, la representación fluyó con ritmo y no poca imaginación en su puesta en escena, un acierto más en la prolífica carrera de Carlos Martín.
Se dice en el programa de mano que el Fénix de los ingenios resultó en esta pieza un adelantado a su tiempo, componiendo un personaje central femenino con ideas muy avanzadas para su época, lo que beneficia a la intemporalidad del texto.
La trama, propia de las comedias de enredo, está narrada con golpes ingeniosos a la manera de la comedia del arte italiana, algo muy comprensible conociendo el currículo de su director, que estuvo un buen número de años en aquel país curtiéndose en el arte de Talía, no regresando hasta que surgió el proyecto del Teatro del Temple.
Muy ajustado el reparto, que dice bien el verso a la manera que se estila desde que Marsillach fuera el primer director de la compañía madrileña, lejos de los engolados de antaño. Silvia de Pé ya demostró sus capacidades hace pocos años con su Caballero incierto, y aquí borda su papel, que recuerda al más conocido de El perro del hortelano.
Una agradable sorpresa la actuación de Secun de la Rosa, más conocido por sus trabajos en el cine, incluyendo su debut como director en El cover, por cuya labor le pude felicitar personalmente.
Y qué decir, ya barriendo para casa, del buen hacer del matrimonio Itziar Miranda/Nacho Rubio. Que nos enorgullece como paisanos.
Otros aragoneses en el reparto, que también salen triunfadores en sus labores, son David Angulo en la banda sonora y Oscar Sanmartín en la escenografía, sin olvidar al siempre ajustado Chavi Bruna, un clásico oregonés.
Y, como dirían los anglosajones, “at last but not least”, la pareja de adaptadores, María López Insausti y Alfonso Plou, que han “modernizado” el texto sin incurrir en estupideces como la que un servidor sufrió recientemente viendo una zarzuela en Madrid, donde la adaptación era de juzgado de guardia.
En mayo se verá “La vengadora de las mujeres” en el Teatro de la Comedia de Madrid, para luego recorrer los festivales de clásico que alegran el verano. Estoy seguro que dejarán nuestro pabellón bien alto.








