La tarta del presidente. La niña y el gallo en el país de Sadam


Por Rafael Gabás

      En 1990, año en el que se desarrolla la película, comenzaron las sanciones occidentales contra Irak, aprobadas por la ONU y que provocaron que en 10 años el país pasase de tener una renta per capita de 3508 dólares a 252. En el poder estaba Sadam Hussein, un dictador como tantos otros.

    En esos años y en ese ambiente vive Lamia, una niña de 9 años que ha crecido con su abuela en las marismas de la confluencia del Tigris y el Éufrates, en una casa encima del agua y que va diariamente en barca a la escuela donde el maestro le obliga a hacer una tarta para el 28 de abril, día del cumpleaños de Sadam Hussein, tras un “sorteo” amañado. Con su amigo Said tendrá que arreglárselas para encontrar en Basora harina, huevos, azúcar y levadura en un país asfixiado y sancionado por el dictador y Occidente y en el que encontrar cualquier tipo de alimento se convierte en una odisea.

     La tarta del presidente debe mucho al neorrealismo italiano y al cine iraní, presentándonos la realidad bajo el punto de vista de una niña muy lista (y muy pobre), con  imágenes del país y más concretamente de Basora muy vivas y poco adulteradas en parte debido al excelente trabajo del director de fotografía Tudor Panduru; el film es un cuento, una fábula en la que interviene un buen número de actores no profesionales dirigidos providencialmente por Hadi; el espectador se sumerge en la vida y la sociedad iraquí que le es mostrada con precisión quirúrgica, con innumerables detalles y con un ritmo cinematográfico cambiante porque Hasan Hadi sabe cuando pausar y cuando acelerar, cuando intensificar y cuando relajar, cuando introducir humor y cuando elementos dramáticos.

     El director, en su primer largometraje tras dos cortos, ha querido transmitir una idea que es un leit motif a lo largo del film: En una sociedad corrupta, el presidente es corrupto, los cargos públicos son corruptos, la policía y el ejército son corruptos y la gente común tiende a imitar esa corrupción: Maestros, tenderos, médicos, etc. En una sociedad jerárquica el poder está estratificado, la corrupción también y quienes más la sufren son los niños y las personas en situación más vulnerable.

    Los hechos nos son expuestos de una manera tan contundente y lúcida que, fuera de contexto, algunas secuencias podrían entrar a formar parte del absurdo; no hay denuncia explícita ni bilis, ni didactismo fácil, el film es presentado exponiendo y narrando, con dulzura y una enorme sensibilidad, sin aleccionamiento, buscando que el espectador inquieto extraiga sus propias consecuencias.

    El maravilloso contrapunto y a la vez metáfora final marca la distancia entre la enorme tarta del presidente, que podemos contemplar en imágenes de archivo y la modestísima tarta de harina y azúcar de nuestra protagonista; establece la distancia que separa al presidente y sus corruptos de la mayoría de la población; la búsqueda de los ingredientes de  la tarta como una metáfora de la búsqueda de la libertad porque como dice un personaje del film: la tarta es el mejor invento de la historia humana.

    El cine ha reflejado siempre los valores y la óptica de los así llamados países desarrollados, ofreciendo a lo largo de décadas una visión de dos terceras partes de la población mundial exotizante, occidentalista y/o paternalista; de ahí la importancia de este cine emergente y de La tarta del presidente, la importancia de un cine que cambia la perspectiva  y en la que el Otro deja de ser tercera persona para convertirse y narrar en primera persona.

Título: La tarta del presidente (Mamlaket Al-Qasab)
Dirección: Hasan Hadi
Año: 2025
Actores: Baneen Ahmad Nayyef, Sajad Mohamad Qasem, Waheed T. Khreibat, Rahim AlHaj,  Muthanna Malaghi
Estreno en España: 6 de febrero de 2026

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