Mis achaques

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Por Eduardo Jiménez
    Hace ya un tiempo me diagnosticaron Hipertensión. Yo era fumador de 70 cigarrillos día, es decir algo mas de tres cajetillas diarias.

   Deje de fumar y algo se corrigió la Hipertensión, ya que los médicos así me lo indicaron.

    Primero tuve un tratamiento de pastillas y posteriormente se me elimino manteniendo unicamente Adiro (Aspirina) y Seguril (Diuretico)

    Ahora han pasado 26 añosn sin fumar, y llevo unos cuantos años, que no levanto cabeza, entre la hipertensión y las arritmias.

   Podemos decir que estoy hecho una pasa.

    Hoy voy a escribir acerca de la Hipertensiónn un enemigo silencioso pero letal.

    El sistema circulatorio es una de las maravillas del cuerpo humano. El corazón bombea alrededor de 100.000 veces al día, y las arterias son las encargadas de transportar la sangre oxigenada desde el corazón al resto del cuerpo. La presión que soportan es enorme.

    Pero, es conocido que no se trata de una corriente constante. Cuando el corazón se contrae y bombea sangre, se eleva la presión en las arterias; cuando se relaja, la presión cae.

    Por eso al tomar la tensión siempre se dan dos cifras: la presión sistólica (más alta, cuando el corazón bombea), y la presión diastólica (más baja, cuando el corazón se relaja entre dos impulsos).

    En condiciones normales, la presión sistólica -la alta- debería estar por debajo o en torno a 120 mmHg. Y la diastólica -la baja- debería ser inferior a 80 mmHg.

   En situación normal, relajada, los valores de la presión sanguínea no deberían ser superiores a 140/90 mmHg.

Cuando lo son, llega el diagnóstico: hipertensión.

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    Los peligros de la hipertensión son muchos: desde dolores de cabeza o malestar general hasta sufrir un infarto de miocardio, un accidente cerebrovascular (ACV), insuficiencia cardiaca, insuficiencia renal, ceguera… Por eso coloquialmente se dice que tener la tensión baja es un seguro de vida.

    Por supuesto, ante una presión sanguínea desorbitada lo principal es bajarla, para lo cual el médico tiene a su disposición una buena cantidad de fármacos.

     Pero no tiene ningún sentido -óigame bien: ninguno- medicarse permanentemente contra la hipertensión sin haber llevado a cabo antes un plan de acción para devolver la presión arterial a sus valores normales de forma natural.

    Es cierto que tomar una pastillita al día es fácil y parece poca cosa, y realmente uno consigue prácticamente olvidarse de que tiene la tensión alta. ¡Y encima lo cubre la Seguridad Social!

    Pero los medicamentos que esté tomando (sean éstos diuréticos, betabloqueadores, bloqueadores de los canales del calcio, bloqueadores del sistema renina-angiotensina o antagonistas de los receptores α1) no son ni mucho menos inocuos (basta con echar un vistazo al prospecto que los acompaña).

    Y además no «curan» la hipertensión, lo único que hacen es mantenerla dentro de unos límites de forma artificial a costa de alterar el metabolismo del organismo, convirtiendo la hipertensión en una enfermedad crónica.

Imagenes: Google