OperaMía: ‘La esperanza de volver’


Por Miguel Ángel Yusta                                                               

    El famoso tango Volver, tiene una estrofa final que bien podríamos aplicar a este año que esperamos sea renovador de verdad, aunque los comienzos han sido algo esperpénticos, …

…por la situación en los USA y la inquietud que continúa por tantos frentes abiertos en este mundo loco, especialmente en el de la pandemia, que parece generar más confusión que orden para su control y que pone a prueba el sacrificio del mundo sanitario y de los servicios públicos, mientras muchos políticos paracen seguir a los suyo: la vigilancia del sillón y de su nómina y ya pasará el temporal.

    “Guardo escondida / una esperanza humilde / que es toda la fortuna / de mi corazón”. Así de desgarrada, como en todo buen tango, es la conclusión de “Volver”que, en este caso y dadas las circunstancias, nos apetece elevar a deseo intenso de mejora de tanta tribulación como nos acecha. La esperanza es ahora más que nunca una inmensa fortuna, un asidero que esperamos cierto para que la salud individual y de la sociedad mejore en este año que acaba de comenzar y, claro está, esa esperanza la aplicamos también al mundo de la cultura tan castigado y que en muchos casos, con heroicidad, ha mantenido viva una mínima pero fecunda actividad.

    Zaragoza se porta muy bien en ese aspecto y se van manteniendo diversas actividades en el Auditorio, Teatro Principal y otros espacios, como las iglesias que también han abierto sus puertas a actos musicales. Son destacables las numerosas actividades que con enormes dificultades se van desarrollando  en diversos escenarios, actos que en Europa han decidido clausurar, dada la incidencia de esta enésima ola vírica.

Las programaciones de esta nueva temporada, atípica también, se han hecho con esmero. También en Aragón y Zaragoza  hay otras actividades no menos importantes de grupos que, dentro de sus posibilidades, mantienen un trabajo encomiable, por ejemplo el grupo MikrÓpera de Zelia Lanaspa y las hermanas Cristina y Carolina Vicente Pimpinela, con la compañía infantil de teatro musical Pimpiñaque. Podríamos citar a muchos más profesionales que, casi en silencio, trabajan con entusiasmo, con enorme ilusión y -muy importante- con niños y jóvenes; la lista sería interminable y por supuesto, esperanzadora.

   Y decimos todo esto porque es muy fundamental que los jóvenes se acerquen a la lírica. Y es importante no poner, sino al contrario, suprimir obstáculos a quienes llegan a la ópera  o manifestaciones líricas. Es bueno acercar de algín modo a las nuevas generaciones lo más posible al espectáculo y a quienes lo trabajan  en el escenario, que son -lo digo por larga experiencia propia-  accesibles y amables en grado sumo.

   Y eso se nota más cuando las cosas van mal. Así que aprendamos, si es posible, la lección del acercamiento a los protagonistas del espectáculo del mayor número posible de espectadores, futuros aficionados, facilitando con generosidad los medios y eliminando barreras prescindibles. El ejemplo en este aspecto de la música popular (que atrae masas de jóvenes) puede ser también extrapolable a este mundo de la lírica. Hagámoslo fácil, que no vulgar…

   Y ha vuelto a triunfar en Zaragoza (estuvo hace justo un año) el gran tenor Javier Camarena. Sus triunfos en todo el mundo hacen que su presencia sea siempre un auténtico acontecimiento. Su recital, acompañado de otro grande: el pianista Ángel Rodríguez, ha marcado una nueva fecha histórica para el Auditorio de Zaragoza, que junto a estos espectáculos debe ser generador de afición entre los más jóvenes, con actividades que los acerquen a esta fuente de cultura que es la música clásica y la lírica.

 

 

 

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