ÓperaMía (Febrero 20)


Por Miguel Ángel Yusta

    El Santuario de la Virgen de la Sabina, en la localidad monegrina de Farlete, fue testigo de un acontecimiento musical que, sin duda, quedará para la historia no sólo del pueblo y quienes tuvimos la fortuna de asistir, sino de la protagonista, la soprano Sabina Puértolas que pudo realizar un sueño:

 el deseo de cantar en el lugar de origen de su familia, de los recuerdos de su infancia, a la Virgen a quien cantaba de niña el Ave María de Schubert desde la puerta del Santuario en celebraciones especiales.

    El día estuvo lleno de emociones ya desde el último ensayo con el joven tenor Pablo Puértolas, que emprende una carrera que puede llevarle muy arriba, y el conocido pianista Juan Antonio Álvarez Parejo, bregado en conciertos y acompañamientos a primeras figuras de la ópera por los mejores escenarios del mundo. La emoción del alcalde y la concejala de cultura, pendientes de todos los detalles, de la responsable de la veterana (quinientos setenta y cinco años) Cofradía de Nª Sra. de la Sabina,  del tenor y entrañable amigo Santiago Sánchez Jericó, que tuvo la idea ilusionante con la soprano, la emoción de familiares, amigos y compañeros…

    El ambiente presagiaba un gran acontecimiento. Y lo fue. Una hora antes del recital casi quinientas personas (el pueblo apenas llega a los cuatrocientos habitantes) tomaban asiento en la iglesia, cuya capacidad había sido reforzada con numerosas sillas: familiares, amigos, gente de Zaragoza, Madrid y otras procedencias llenaban espectantes el recinto, cuya limitada capacidad se había agotado hacía tiempo, y así se había anunciado para evitar desplazamientos inútiles. Aún así quedó mucho público fuera por lo que, al final del acto, se abrieron las puertas para que desde el exterior, se pudiera escuchar el final del recital, el Ave María de Schubert con la que una emocionada Sabina rememoraba su infancia y con la que se cerró el acto.

   El programa, seleccionado por Sabina, comprendía arias y dúos de Verdi (Rigoletto, La traviata), Puccino (Gianni Schicchi) y romanzas y dúos de A. Vives, (Doña Francisquita) R. Chapí (Romanza de Las hujas del Zebedeo) J. Serrano (Romanza del Trust de los tenorios) y M.F. Caballero (Dúo de la Africana).

    No se puede – ni es oportuno- hacer una crítica al uso de un acto tan emotivo y especial, pero es preciso apuntar que la voz de Sabina Puértolas (que tanto nos recuerda a la de la inmortal soprano zaragozana Pilar Lorengar), hoy en día es una de las más importantes del panorama lírico mundial: timbre, línea de canto, técnica impecable absolutamente, agudos como relámpagos de luz, filados que quitan la respiración, y una voz penetrante, solvente, bella en toda su extensión, tanto en las muy exigentes arias verdianas como en las coloraturas impecables de, por ejemplo, la “Canción del ruiseñor” de Doña Francisquita, o la potencia expresiva del “Dúo de la africana”, recreado con su matizada y rotunda interpretación con Pablo.

     Pablo Puértolas estuvo muy bien (a pesar de una molesta afección de garganta que limito un tanto sus excelentes capacidades y que hubo que medicar de urgencia) tanto en sus intervenciones individuales como en los dúos, donde dió la réplica con solvencia a la imparable Sabina. Una voz a seguir que puede darnos muchas alegrías.

   Y, al final, la emoción hasta la lágrima de muchos, incluída la intérprete. Una Avemaría llena de belleza, cantada casi a media voz, sosteniendo las notas en un filado imposible, creciendo en los agudos, llevada en volandas por la maestría de Álvarez Parejo…con Sabina vuelta hacia el altar de la Virgen, su mirada en ella, su gesto de ofrecimiento y amor.

   Y al acabar el público, de pie, como levantado por un resorte, estalla en una ovación trufada de bravos, (colofón de las muchas que se habían producido al final de cada intervención) entusiasmado, emocionado, feliz, agradecido… El milagro de la música, de las voces, la transmisión de belleza se había producido en una tarde inolvidable en un pequeño pueblo monegrino de la provincia de Zaragoza.

 

Javier Camarena en el Kursaal.

San Sebastián. Kursaal. Javier Camarena (tenor) Angel Rodriguez (piano). Arias de ópera de Gounod, Lalo, Donizetti, Rossini, Flotow y Verdi. Propinas: ‘Flor roja’ , de Los Gavilanes, de Guerrero y ‘No puede ser’ , de La tabernera del puerto, de Sorozábal. Aforo lleno.

     Otro gran Recital de Javier Camarena, esta vez en el gran Kursaal de San Sebastián. Junto al excelente pianista Ángel Rodríguez, con el que tiene una perfecta compenetración, ha desgranado un programa medido, perfecto, añadiendo dos propinas de zarzuela: ‘Flor roja’ y ‘No puede ser’, con el delirio de un público que llenaba el recinto. Voz perfecta, fiato impresionante, filados de ensueño, centro amplio y firme, agudos y sobreagudos plenos, incluso fraseando sobre el último do de pecho de La Fille du régiment, algo que no habíamos escuchado en decenios, nunca. Si hay que destacar sobre destacado, el aria de Rossini, que iniciaba la segunda parte, nos ha levantado del asiento. No hacemos análisis más detallado pues nos repetiríamos sobre lo ya dicho en muchas ocasiones, las últimas: L’élisir, Il Pirata, la Gala inolvidable del Real, la reciente del Liceu… Otra jornada inolvidable. Emoción pura ante un artista absoluto.

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