Metrópolis 20 Aniversario. Espacio y Espectador


Por Javier López Clemente

    Joaquín Murillo es el director de Metrópolis, y nos encontramos ante una gran producción diseñada para grandes espacios y reinterpretar el original a partir del cuerpo, el gesto y la música, con el espíritu de dialogar con el espectador actual.

    Ese espíritu de diálogo fue clave en la experiencia que voy a contar a los lectores después de ver dos veces el espectáculo.

    ‘Metrópolis’ regresó a los escenarios zaragozanos casi veinte años después de su estreno en 2007. La primera ocasión fue a finales de mayo de 2025 en el Teatro de las Esquinas. La segunda a finales de febrero de 2026 en el Teatro Principal. Les cuento mi experiencia como espectador después de ver la función en cada uno de esos dos espacios. El objetivo es poner el valor como la modificación del formato y el espacio son ingredientes para tener dos percepción completamente diferentes pero igual de excitantes.

     Primero estableceré el marco formal sobre el que se construye la dramaturgia del espectáculo, después estableceré las diferencias físicas de los espacios de representación y finalmente, les contaré las diferentes sensaciones que tuve en la recepción como espectador.

     Chris Allen definió ‘Live Cinema’ como una representación teatral protagonizada por los tres lados de un triángulo: Visual, sonoro musical y performativo. Los hermanos Pedro y Benito Jiménez de ‘Los Volubles’ parten de esta consideración para definirlo como “Visualista”. En cualquier caso, y más allá del término que usemos, lo interesante es observar como con el espectador los elementos dramáticos que se utilizan en directo.

    La dramaturgia de ‘Metrópolis’ reproduce de una manera esquemática los grandes conflictos humanos que muestra la película futurista de Fritz Lang estrenada en 1926, y que Eduardo Subirats resume en tres: Capitalismo de producción y la destrucción del obrero. Desarrollo tecnológico y la regresión humana. El eterno conflicto social entre poderosos y desposeídos. El gran mérito de la producción teatral es como el uso de tres lenguajes narrativos alimentan la enorme carga dramática.

    La coreografía de Elia Lozano dibuja la frontera entre la masa oscura de los obreros sepultados y la luz de los que dirigen nuestros destinos. Las proyección de imágenes y texto de Saúl Blasco tienen un halo de misterio cuando se quedan colgadas en el aire para poner en primer plano las inquietudes interiores de los personajes y que la dinámica de la película se convierta en una persecución cinematográfica. La música de Víctor Rebullida es el contenedor perfecto para amasar todas las sensaciones, desde los sentimientos más humanos hasta el vértigo de la acción.

    Maaike Bleeker define la representación teatral como una puesta en visión. Un acto de como el espectador mira para descubrir el espectáculo, y que García Webbi identifica como una dialéctica con el público para construir la obra y generar una tensión única e irrepetible.

     La primera vez que vi ‘Metrópolis’ fue en el Teatro de las Esquinas. Su patio de butacas lo podemos comparar con un “Theatron” (lugar para ver) griego que aprovecha las laderas de la orografía para colocar las gradas desde arriba hasta la parte baja donde se topan con el suelo como lugar de la representación. Esta configuración potenció que los elementos narrativos de ‘Metrópolis’ me llegaran de una manera muy determinada. Mientras las proyecciones agrandaban su proporción porque se situaban a la altura de mi visión, lo que ocurría en el escenario parecía alejarse en una caída que me generaba una gran opresión física. La sensación se amplificaba gracias a la grabación de la banda sonora que penetraba con fuerza en la acción y en los poros de mi piel. Un estado de inquietud se apoderó de mí, me atrapó y conforme se incrementaba la acción de la trama llegué a tener la sensación de angustia. Hasta que al final llegó el alivio y un aplauso prolongado que me ayudo a descargar tensiones.

   Volvía a ver la función nueve meses después en el Teatro Principal, en el patio de butacas de esa preciosa sala de espectadores a la italiana con planta en forma de herradura. El arquitecto Ignasi de Solá-Morales define ese dispositivo teatral por la relación espacial entre espectáculo y espectadores, de manera que la distancian entre ambos es muy clara para determinar la separación entre la realidad de las butacas y el mundo imaginario que se alza sobre el escenario elevado. Esta composición permite un fundamento visual que organiza el encuadre en una visión enmarcada y una acústica excelente.

    Además de este factor estructural hay que añadir que en esta ocasión la reproducción de la banda sonora corrió a cargo de una orquesta en directo, y conformar un espectáculo completamente nuevo al que había visto con anterioridad. Ahora las proyecciones ya no eran gritos que me sacudían a la altura de los ojos, se habían convertido en señales que desde las alturas me guiaban para entender mejor la situación. La orquesta en el foso dejaba en la zona de palcos junto al escenario las percusiones que ejercían como arietes de un sonido con al aroma orgánico de quien acaricia. Esa delicio de identificar un instrumento con cada melodía solista hasta que la complejidad apelaba a toda la orquesta. Una invitación permanente a estar conectado mientras la peripecia transcurre allí arriba. Bailarines y actores van más allá de la gestualidad y me invitan a observar la belleza del conjunto y dejarme llevar. Desde los momentos convulsos hasta la tranquilidad. Una placidez que rompí para unirme a la compacta y estruendosa ovación final.

‘Metropolis’

Producción: Teatro de las EsquinasDramaturgia y Dirección: Joaquín Murillo. Intérpretes: Javier Zapater, Sandra Recamal, Mery Luz Moya, Ana Arguilé y Miguel Pardillo. Bailarines: Gonzalo Giménez Patón, Daniel Martínez García, Raquel Asín Dorda, Yaiza Calvo Dueñas, Ainoa Cerdán Orte, Alba Martínez Aznar, Alfonso Ortigosa Araque, Raquel Marín Lahuerta, Elisa Montañés Ascaso, Alba Olmedo Rojas, Rocío Isabel de Miguel Martínez y Andrea Vázquez Aparicio. Partitura original interpretada por academia para la nueva música (csma). Coreografía: Elia Lozano. Música original:Victor Rebullida. Dirección técnica: Josema Hernández de la Torre. Coordinación musical: Conservatorio Superior de Música de Aragón. Diseño gráfico, técnico en gira y audiovisual: Saúl Blasco. Ayte. De dirección: Marián Pueo.

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