
Mariano Berges,
Profesor de filosofía
Por En mi entrega anterior decía que detrás de las aparentemente alocadas palabras de Trump “hay toda una ideología y una nueva concepción del mundo”.
Nueva que no es nueva, sino muy vieja, pues es la típica de un emperador borracho de poder. Decía nueva porque parecía que habíamos dejado atrás la “paz” de la Guerra Fría tras la Segunda Guerra Mundial. Era entonces, y parece que vuelve ahora, un mundo dividido en áreas de influencia por parte de la URSS y EEUU, centros del comunismo y capitalismo en la posguerra. Cámbiese la URSS por Rusia y añádase China y tendremos la equiparación actual. Trump me recuerda en gran manera a Nerón y Calígula, incluidos sus espectáculos pirotécnicos y circenses. Es un personaje verdaderamente repulsivo.
Y en estas circunstancias aparece la nueva pieza a cazar por Trump: Groenlandia. “A las buenas o a las malas” (el amo). Pero Groenlandia pertenece a Dinamarca, vieja nación europea perteneciente a la OTAN y a la UE. Y la OTAN está en la obligación de oponerse a cualquier agresión a un Estado integrante de ella. La postura mantenida hasta ahora por parte de Europa, de subordinación humillante y hasta de reírle las gracias al viejo autócrata, solo le da a este un mayor atrevimiento para sus tropelías. Porque quien necesita realmente a Groenlandia es Europa; más que EEUU. Por lo tanto, hay que defender la soberanía de Dinamarca frente a cualquier agresión. Y más todavía si es por parte de un socio de la OTAN. ¿O es que lo que busca EEUU es la destrucción de la OTAN y el debilitamiento económico-político de la UE? ¿O piensa en cambiar Groenlandia por Ucrania? De la mente del emperador americano cabe esperar eso y más. Otra cosa es que se lo permitan. Porque hasta ahora, ni el permiso internacional (Consejo General de la ONU) ni el permiso nacional (Congreso de EEUU) han operado contra ninguna acción de fuerza de Trump. También es verdad que lo de Venezuela ha sido una acción relámpago que aparentemente ha dejado todo como estaba, salvo el secuestro ilegal de Maduro, objeto de devoción de muy pocos. Aunque hay que recordar que ha ejercido muchas otras acciones relámpago en solo un año de mandato: ha atacado a Irán, ha bombardeado otros seis países y ha ayudado determinantemente a Israel para derrotar a Gaza, a la que ahora quiere gobernar.
Ante los excesos del amo, a Europa le urge unificar, para fortalecer, su posicionamiento de gran potencia frente a los imperios mundiales. Y no solamente por su propio interés, que también, sino porque Europa representa los mejores valores de una sociedad organizada democráticamente. Aunque no siempre ha sido así: recuérdense las aventuras colonialistas de las grandes naciones europeas y las barbaridades ocasionadas a los indígenas de los lugares colonizados. Pero hoy Europa es otra cosa.
El cambio de paradigma es tan claro y tan brutal que el análisis del futuro inmediato es necesario y urgente. De este futuro van a surgir, sin duda, amenazas y oportunidades. En el caso que nos ocupa, en Europa, o más concretamente en la UE, ha pasado a un plano primerísimo el Informe Draghi, que habrá que poner en marcha de manera acelerada, con una visión política que nos vaya dirigiendo a la configuración de la vieja idea de Delors de los Estados Unidos de Europa. Si hasta ahora la UE marchaba un tanto acomodaticiamente y sus decisiones iban encaminadas a parchear pequeños problemas, de ahora en adelante es urgente y necesario que la proa política dirija los pasos de sus actos y decisiones. De ahí la gran importancia de luchar contra todos los movimientos reaccionarios auspiciados por las otras grandes potencias, a las que no interesa una UE con estrategia única y fortaleza equiparable a la de ellos. El avasallamiento de Trump puede constituir una gran oportunidad para Europa.
La Unión Europea podría tener un importante papel como promotora de multilateralismo frente al proteccionismo de Trump. Podría representar un fuerte protagonismo en la estrategia del libre comercio, de la lucha medioambiental y de apego a los valores democráticos, aspectos negados por Trump.
Pero también hay que confiar en la fortaleza de la democracia estadounidense. Su sistema de pesos y contrapesos es muy fuerte y ya ha dado ejemplo en dos sentencias federales que han echado abajo dos decretos de urgencia del emperador Trump. Parece ser que en las elecciones de medio mandato que se celebrarán en noviembre tienen muchas posibilidades los demócratas para comandar el Congreso. Ello supondría una clara derrota de la política imperialista de Trump y su posible regresión. Veremos. Esto no ha hecho más que empezar.
(Artículo publicado en EPA en fecha 22-01-2026)








