
Por Manuel Medrano
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San Pablo, en su primera carta a los Corintios (15:32) critica la actitud irreverente de quienes dicen y practican lo siguiente: “Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos”.
Yo entiendo su indignación por esta actitud, dado su temperamento y creencias, pero a él no le tocó la que está cayendo. Ya enarbolé esa frase muy al principio de la pandemia de COVID-19, pero, ¿qué otra cosa podemos hacer? Y, lo siento Pablo, pero, además, eso es una declaración limitada a solo algunas de las acciones posibles, comamos, bebamos y hagamos todo lo que podamos para pasar nuestra vida, corta o larga, lo mejor posible.
La observancia y proactividad de esta actitud no es contraria al amor al prójimo, la solidaridad o el talante pacífico, y la crítica de Pablo parece más destinada a defender la creencia en un designio divino gris, que cierra el camino a la alegría de vivir. Pero dejemos las disquisiciones religiosas de un aficionado, como es mi caso, y vayamos a lo práctico.
Divertirse es bueno, psíquicamente recomendable y, en cuanto a no caer en excesos, recordemos la máxima exhibida en el frontón del templo de Apolo en el santuario de Delfos: “Nada en demasía”. Pero no nada de nada. Bien es cierto que el marqués de Sade pensaba, a modo de resumen de su idea vital, que no había placer sino en el exceso, pero el marqués no cuenta con mi admiración, a excepción de sus escritos políticos realmente interesantes y dignos de lectura. Para compartirlos o criticarlos, eso ya cada cual verá.
El justo medio vital, curiosamente, puede estar en un antiguo culto, el del dios griego Dionisos, llamado Baco por los romanos. Vale que le gustaba el vino (como a muchos), pero también se le asocia a la exuberancia de la vegetación, al éxtasis religioso y a los orígenes del teatro y, a través de una variante de su culto, el Orfismo, con una idea de trascendencia espiritual muy poco frecuente en la Antigüedad grecorromana.
Es decir, que podemos elegir varias formas de transitar en nuestro paso por la vida, pero posiblemente las cosas no son tan radicales como quería Pablo de Tarso y, en todo caso, su opción no debe gozar hoy día de un gran número de seguidores. A la vista está.








