Opera Mía: ‘Ruth Iniesta en La Aljafería: la magia y emoción de una voz excepcional’


Por Mayusta

     Los afortunados que hoy hemos llenado el patio árabe del Palacio de la Aljafería zaragozano, recordaremos este día como el de un recital histórico de la soprano zaragozana internacional Ruth Iniesta-Soprano que, acompañada por el pianista barakaldar Rubén Fernández Aguirre…

…  con quien ha tenido una complicidad total, ha regalado una rica muestra de técnica profunda, absoluta, con unas cualidades vocales que con razón la sitúan entre las principales intérpretes de la esfera operística actual.

      Ha abierto el recital una medida y emotiva interpretación de la obra de Franz Listz ‘Tre Sonetti di Petrarca'(1846 primera versión), obra de intrincada dificultad técnica y belleza cromática que la cantante y el pianista han ofrecido en toda su plenitud.

    Tras el Preludio de L’arlesiana, de G. Bizet, a piano solo, ha aparecido la emoción,  el color exquisito y la brillantez de una memorable interpretación del acto I, escena IV de Lucia de Lammermoor: «Regnaba nel Silencio…Quando, rapito in estasi…» adornada con los perfectos sobreagudos y agilidades  que hacen de esta obra piedra de toque para una soprano.

Público de pie y merecida ovación de gala.

     Tras un breve descanso ha comenzado la segunda parte con las «Doce canciones españolas» de Joaquín Rodrigo, mezcla de emoción y técnica, sentimientos festivos, romanticismo, nostalgia (qué belleza, por ejemplo, esa seguidilla de ‘Adela’…) y en cuya interpretación ha derrochado técnica y sensibilidad Ruth Iniesta acunada, más que acompañada, por el piano de Rubén Fernández Aguirre.

 El Preludio n° 1 de Miquel Ortega a piano sólo

     Ha precedido a las obras finales del programa: «Madre de mis amores» de Monte Carmelo de Federico Moreno Torroba y la famosa -y difícil- «Me llaman la Primorosa» de El barbero de Sevilla de Gerónimo Giménez, donde la interpretación,  el desparpajo y la bella voz  de Iniesta han vuelto a levantar a los afortunados espectadores.

     Ante los aplausos insistentes, aún ha habido dos propinas: una impoluta versión de la famosa aria  «O mío babbino caro» y una desenfadada, para finalizar, de «Pobre chica, la que tiene que servir» el famoso Tango de la Menegilda de La Gran Vía,  la inmortal zarzuela de Chueca y Valverde.

   Y qué alegre final tras un recital histórico que recordaremos por mucho, muchísimo tiempo.

    Cabe felicitar a la Organización de este Festival

(Sergio Castillo al frente) y desear larga vida y desarrollo a estos eventos.

*Fotos de, entre otros, Ana Alcolea y Mayusta.

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