
Por Juan Carlos Cervero Vadillo
Y no paran de triunfar en el Pollo Urbano. Juan Carlos Cervero Vadillo y su club de andarines que en esta ocasión nos muestran la VI etapa del Camino del Cid por tierras Aragonesas : Fuentes Claras / El Pedregal ¡No os perdáis su nuevo periplo!
FUENTES CLARAS / EL PEDREGAL
Duración 7:02
Distancia 33,2 Km
Ascenso 633 m
Punto más alto 1308 metros
Velocidad promedio 4,7 km/h
Velocidad máxima 9,8 km/h
Qué ver y hacer en Caminreal
Ubicada en una histórica encrucijada de viales desde la antigüedad, su nombre deriva del antiguo Camino Real que unía Zaragoza con Valencia. El viajero del Camino del Cid que llega a Caminreal se encuentra con un paisaje humanizado dominado por una fértil vega irrigada por las aguas del Jiloca y sus “ojos”; unas surgencias con un aporte constante que forman en su entorno pequeños humedales de gran valor ecológico. En los extremos del valle, el verde se transforma en el marrón del secano, que se extiende por la interminable llanura que forma la fosa del Jiloca, tan sólo interrumpido por manchas dispersas de carrascales en el contacto con las parameras turolenses.
La población se extiende sobre una terraza completamente llana sobre la margen derecha de la vega del río Jiloca. El diseño de sus calles es ancho y recto, y se adapta en buena medida al trazado de la calle principal que durante muchos años fue la carretera nacional.
A pesar de que la población conserva algunas casas solariegas importantes, es sin duda la iglesia barroca de Nuestra Señora de la Asunción la que acaparará nuestro interés. En sus alrededores podemos visitar la ermita de la Virgen de las Cuevas, con retablos del siglo XV o la estación del ferrocarril de influencia racionalista.
En sus alrededores encontramos el yacimiento romano de La Caridad, una auténtica ciudad romana que conserva buena parte de su trazado y es perfectamente visitable a través del Centro de Interpretación de la Cultura Romana situado en la antigua estación de ferrocarril.
Qué ver y hacer en Torrijo del Campo
La presencia del río Jiloca y sus amplias zonas de cultivo hace que sea una importante zona de alimento de la grulla común. La cercanía a la laguna de Gallocanta, permite que estas aves se desplacen en gran número a las distintas zonas del cultivo de la zona. Es también un entorno magnífico para avistar el milano real, garzas o ánades reales.
Desde un punto de vista patrimonial, en Torrijo del Campo destaca su iglesia parroquial de San Pedro, del siglo XVIII, y su ermita de San Fabián y San Sebastián. La localidad además conserva tres peirones: el de San Antonio, San Marcos y el de las Almas, todos ellos en buen estado de conservación.
Próximo a Torrijo del Campo se encuentra el antiguo poblado de Villacadima donde aún pueden observarse restos de edificaciones, almacenes, viviendas, corrales, etc.
Destaca la ermita de Nuestra Señora de los Dolores o del Diablo, conocida así porque en ella había una imagen de San Miguel luchando con el demonio o los restos de un torreón de planta cuadrangular y doble muro, de época medieval. El exterior es de sillarejo y el interior se encuentra revestido con enlucido de cal. Entre los dos muros hay un espacio relleno de tapial de arcilla y gravas.
Qué ver y hacer en Monreal del Campo
Para revivir la historia de Monreal del Campo el viajero deberá cruzar alguna de las largas calles que corren perpendiculares a la carretera y entrar en el núcleo antiguo, fácilmente localizable gracias a su solitaria torre campanario, divisable desde muchos puntos de la localidad.
La torre actual se asienta sobre un montículo: este lugar es el origen de Monreal, pues en él se construyó por orden de Alfonso I el Batallador un pequeño castillo que, a principios del siglo XII, constituía un puesto de avanzada en la amplia llanura del Jiloca, y un bastión defensivo frente a la vanguardia almorávide.
Del viejo castillo no queda nada: en 1840, durante las guerras carlistas, Monreal fue escenario de choques entre liberales y carlistas que produjeron graves incendios en la villa, arruinando el castillo y la primitiva iglesia. Sobre la base de la edificación se levantó entre 1849 y 1854 la actual Torre Cimera, de planta cuadrada. En la torre puede verse un escudo con una Flor de Lis, emblema borbónico; fue Felipe V quien en 1709 concedió a la ciudad el privilegio de usarlo por su lealtad en la Guerra de Sucesión (1701-1714) otorgando a Monreal el título de Fidelísima y Muy Noble Villa, así como otros privilegios y exenciones. Desde la base de la torre puede adivinarse, en la alineación de las calles colindantes, la planta del castillo y sus murallas, también desaparecidas.
En las inmediaciones de la torre campanario y de la iglesia barroca, el viajero podrá ver algunos ejemplos relevantes de casas señoriales aragonesas de los siglos XVI, XVII y XVIII. Una de ellas es hoy Casa de la Cultura y sede del Museo del Azafrán, en el que se albergan herramientas y utensilios que se empleaban en el siglo pasado en el cultivo y comercialización del azafrán.
Esta especia fue introducida en España por los árabes, quienes valoraban sus cualidades gastronómicas y medicinales; a partir de entonces se convirtió en un condimento indispensable en la comida hispanoárabe. Aunque su cultivo desapareció a finales del siglo XX, el azafrán sigue estando presente en algunos platos tradicionales monrealenses como expresión del legado cultural de aquellos tiempos.
Desde Monreal el viajero puede dirigirse a un humedal denominado los Ojos del río Jiloca, producto de un curioso fenómeno natural, y situado a escasos dos kilómetros del pueblo. Esta zona es punto de descarga de aguas subterráneas que dan lugar a manantiales conectados entre sí en forma de rosario, y que constituyen el nacimiento natural del río Jiloca. Este humedal sirve de refugio a un buen número de especies animales, fundamentalmente aves acuáticas.
Fruto de su pasado medieval Monreal del Campo celebra una recreación de la fundación del municipio y de la Militia Christi que tiene lugar en la segunda quincena del mes de junio.
Qué ver y hacer en Pozuel del Campo
Pozuel del Campo se halla en las estribaciones de la Sierra Menera. Es un pueblo pequeño de agradable paseo. Nada más llegar el viajero puede observar su estructura acuertalada y los restos de sus murallas de tapial, sobre las que debía alzarse un pequeño castillo, hoy desaparecido, y desde el cual se arracima el resto de la población que conserva en el barrio alto la disposición callejera en anillo propia del Medievo. Aunque debió existir un emplazamiento fortificado anterior, las murallas actuales son del siglo XIII. No queda mucho de aquella época; aún puede verse, sin embargo, un torreón, muy reformado, o más bien reconstruido, como recuerdo de aquellos tiempos. También, para acceder a la iglesia de San Miguel (1723) el viajero atravesará una de sus antiguas puertas. Cerca de la iglesia (barroca, con un conjunto de retablos del XV al XVIII) hay un pequeño mirador que pone de manifiesto la importancia estratégica de Pozuel: al Este se observa la inmensa planicie remendada con campos de cultivo del Jiloca, y al Oeste se entreven las formas abruptas de las sierras donde los quejigos y encinas conviven con los pinares de repoblación.
En los alrededores hay varias ermitas: las dedicadas a San Fabián y San Sebastián (XVI) y a Santo Domingo de Silos (XV-XVI) son de estilo tardo – gótico, aunque modificadas con posterioridad.
Qué ver y hacer en El Pedregal
El Pedregal es un pueblo pequeño, fácil de pasear; el viajero descubrirá como hitos arquitectónicos más significativos la torre del campanario de su iglesia parroquial, del siglo XIX, y sus cinco pairones o cruceros, distribuidos por los caminos y encrucijadas del término: el más antiguo, el de San Pedro, es del siglo XIX.
Pero sin duda, lo más interesante de El Pedregal se encuentra en sus alrededores: situado a casi 1.200 metros de altitud se encuentra rodeado de bosquetes de encinas centenarias, entre terrenos de cultivo, donde habitan las liebres y perdices, los zorros y jabalíes. Un pequeño paseo por las cercanías nos permitirá ver algunos ejemplares muy interesantes de estos árboles, entre los que destaca la carrasca del rullo.











