
Por José Manuel Santo Tomás
La historia de cómo arranca Modebula podría ser un cuento, de esos que acompañan a la Humanidad desde tiempos ancestrales. Dado que se trata de un proyecto que trabaja con la infancia mejor que sea así. Barry Mbaye soñaba que en su pueblo, Diannah, situado en Cassamance, en el sur de Senegal, daba de comer a su comunidad. El tiempo le llevaría a conocer a Paloma Marina, por lo que sería un viaje sin más pretensiones que el turismo y al sueño de lo más básico, como es comer, se sumaría el de expresarse, de bailar.
Pero no adelantemos acontecimientos y expliquemos lo qué es Modebula, dónde está y cómo está ahora. Primero lo literal: Mobedula quiere decir casa abierta. Abierta a todo el mundo.
Casamance o Casamanza es una zona situada en el Sur de Senegal con cultura propia que ha tenido desde hace décadas aspiraciones independentistas, ahora mismo muy apaciguadas.
Para entender esta zona de África hay que empezar por entender que, como dice el nigeriano Dipo Faloyin África no es un país. Es un continente inmenso, variado, con muchos climas y todos los paisajes.
Casamance es el entorno del río del mismo nombre. Es una zona de cruce de culturas, musulmana, cristiana y con una fuerte presencia animista de realidades como la de los diola, grupo étnico mayoritario. Con una cierta presencia de turismo, sobre todo francés, que se concentra en la costa pero cuyas divisas pasan de puntillas por la economía local.
El único núcleo urbano destacable es su capital Ziguinchor y el resto de la población se reparte en cientos de comunidades rurales entre las que se cuenta Kafuntine, donde se enclava el pueblo de Diannah, muy cerca de Abene, otro lugar conectado con Zaragoza a través de proyectos solidarios.
En Diannah, rodeado de baobabs y vegetación tropical nació Mobedula, que es un proyecto y es un espacio físico.
Son muchos los problemas que enfrenta la infancia senegalesa, especialmente en las áreas rurales. Una educación insuficiente, escasa y lejana atención sanitaria para una población muy dispersa, vivienda precaria y alimentación inadecuada. La falta de proteínas es una realidad palmaria. Así pues, cumplir parte del sueño de Barry fue lo primero.
Se arrancó con un comedor popular en que los propios niños y niñas colaboran. Las cocineras son adolescentes de la comunidad a las que se paga un pequeño sueldo y los productos son de la zona.
Pero no solo de pan vive la infancia, así que pareció buena idea hacer que la infancia se moviera y lo hiciera en las claves culturales de la zona: la danza, la música y la libre creación.
A cada comida la acompaña una clase de danza y hay espacio para juegos, lectura y convivencia.
También se ha construido un gallinero, bien aislado de depredadores, que es una fuente de esas proteínas tan necesarias.
Pero, como en cualquier cuento, tienen que pasar cosas malas. Un descuido provocó que la casa madre de Mobedula ardiera y se perdieran los libros y materiales educativos, además de la vivienda del propio Barry y campos de cultivo de varios vecinos, en una zona donde la agricultura de subsistencia es vital.
Las gallinas resultaron ser duras de pelar y sobrevivieron al incendio sin bajas destacables.
Pero, siguiendo con nuestra historia, tenían que aparecer las fuerzas del bien, o más bien las personas bienintencionadas.
La propia comunidad limpió el terreno y desescombró. Y una pequeña marea de solidaridad está llegando y aporta para la reconstrucción de la casa madre y el gallinero.
Hay que entender que, como dice su nombre, Mobedula es comunidad y sin la comunidad que la rodea y que ha sido parte activa de su reconstrucción no tendría sentido. Tanto niños como adultos han puesto sus manos.
Ahora mismo Mobedula vuelve a tener puerta abierta a los niños y un techo donde guarecerse.
Un gallinero resistente y unos comedores populares que volverán a alimentar y bailar, aunque el trabajo pendiente es mucho.
El cuento sigue, Mobedula vuelve a ser una realidad en pie. Lo bueno del cuento es que la moraleja se la ponga quien mantenga vivo el proyecto y que el cuento no tenga fin.
Si quieres participar de esta historia puedes hacer un bizum con el concepto Mobedula al 677531519 o a la cuenta de Espacio Luna Roja en Ibercaja ES9220850130720330751966

























































