Tierra, memoria y futuro


Por Javier López Clemente

     La compañía ‘Raigambre’ estrenó el 20 de diciembre de 2025 en el Teatro Arbolé de Zaragoza su espectáculo ’Olvidé la sombra de la encina’. La información previa de la función hablaba de una obra dedicada a la memoria rural y a la pérdida de identidad.

     La mirada nostálgica que nos propone está muy alejada de la corriente restaurativa que añora el pasado tan y como era, la dramaturgia aboga por un mensaje crítico, reflexivo, y con un inicio de función que fue una buena pista en ese sentido. Todo comenzó como los buenos manuales de Geografía Humana: con un glosario de términos y la descripción geográfica de donde ocurren los acontecimientos.

    La vida de las palabras está determinada por su uso y muchas de ellas mueren porque simplemente desaparece las cosas que representan, algo muy habitual con términos relacionados con una forma de vida en el campo que ha cambiado radicalmente en los último cincuenta años. Por eso la retahíla de palabras que inicia la función tiene esa misión arqueológica de guardar y custodiar lo que de otra manera estaría destinado al olvido. El segundo factor que centró el desarrollo del espectáculo fue determinar las coordenadas geográficas de donde transcurre la acción. Tierra al sur de serranías donde los montes son extensiones inabarcables de olivos y así, establecidos los parámetros del lenguaje y el espacio, comenzó el ritual.

    La mesa en medio del escenario hacía las veces de altar. La escenografía la formaban unos estantes repletos de tarros de cristal, y los protagonistas dentro de cada uno de ellos. Si en el teatro de objetos los elementos más inesperados cobran vida, en este caso los encargados de realizar la liturgia eran tierra, semillas, madera y toda la extensión de un olivar. Un espacio por el que Bellota sobrevuela cielos, deambula terruños y horada surcos a lomos de su propia sombra. El títere está manejado con la técnica japonesa del Bunraku. Tres titiriteros trabajando al unísono se hacen cargo del personaje, pero el punto esencial es que tienen que respirar al unísono, y quizás esa sea la mejor imagen para potenciar la idea de comunidad que pretende la función. La implicación de todos con el objetivo de salvaguardar oficios, espacios y sentimientos que han forjado territorio y memoria, pero ahora corren peligro de extinción.

     Los titiriteros también ejercen de actores. Es una transición en la que se diluye la estética y el ambiente que la representación ha creado, quizás porque desde esas afueras se gritan los problemas internos y contemporáneos de esos espacios que ahora están vacíos, pero la sensación es que la barrera entre el títere y la interpretación tiene querencia por una rigidez que reduce intensidad poética de la historia. No hay una correlación entre la dramaturgia que bucea en la historia oral con cierto aire revolucionario, y unas hechuras teatrales que se perciben básicas hasta desdibujar el enorme potencial expresivo que contiene el mensaje de la obra. Así se puede llamar la atención, poner el ojo en la diana del problema, pero no alcanza para agitar los sentimientos de un público aleja de las historias que se cuentan. Se aprecia el esfuerzo estético e intelectual, pero sin alcanzar ese momento en el que palabras y acciones golpean la conciencia, y que el teatro se convierta en la energía que nos transporte al latido de la emoción.

     ‘Olvidé la sombra de la encina’ tiene una virtud muy importante: no pretender regresar al pasado porque su objetivo es mirar hacia atrás con el sano propósito de generar preguntas plenamente actuales sobre nuestra relación con el entorno natural, su preservación física y sentimental, y a partir de ahí reflexionar para tener consonancia de todo lo que ya se ha perdido. Una nostalgia reflexiva con sensibilidad estética para habitar los detalles del pasado, apreciar los rastros de la memoria y evocar el nutriente esencial de la reflexión. Un método casi científico para comprender la importancia de preservar las huellas del pasado, y a partir de esa experiencia otear el futuro que todavía está por venir.

‘Olvidé la sombra de la encina’

Espacio comunitario de artes escénicas y creación La Horizontal. Centro Del Títere De Alcorcón. Dramaturgia: Laura Hernando, Fito Puntas E Isabel Denzel. Dirección: Isabel Denzel Y Soraya Manjavacas. Interpretación: Fito Puntas, Laura Hernando, Jimena Villalba. Diseño y construcción de escenografía: Fito Puntas. Diseño y construcción del títere: Fito Puntas Y Laura Hernando. Diseño de vestuario : Kat Imbarach. Diseño de luces: Kai Sánchez. Espacio Sonoro: Daniel León González. Producción Ejecutiva: Laura Hernando. Acompañamiento en la construcción del títere: casa-taller de marionetas de Pepe Otal

 

20 de diciembre de 2025. Teatro Arbolé

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