
Por Esteban Villarocha
En un momento político tan frenético como incierto y siguiendo los consejos del escritor mexicano Augusto Monterroso no escribo hoy para los contemporáneos, ni mucho menos para los antepasados.
Escribo para la posteridad, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia. Por eso me atrevo a plantear algunas preguntas sobre la actividad cultural que constantemente aparecen en las conversaciones entre las gentes dedicadas a este menester: creadores, intérpretes y mediadores culturales, preguntas que nunca se acaban de responder con rotundidad, lo que genera una constante pérdida de notoriedad y relevancia social. Una de estas preguntas es: ¿Deben las administraciones públicas subvencionar la cultura?, aunque quizás antes de dar respuesta a esta pregunta deberíamos contestar a otra pregunta, previa y que su respuesta condiciona la respuesta de la primera: ¿La cultura es una necesidad o un lujo innecesario?, aunque parezca evidente la respuesta esto suscita hoy en día un debate ideológico que en nada favorece la notoriedad que debería tener la cultura entre los ciudadanos.
Son preguntas en busca de respuestas que asienten la necesaria adquisición de derechos culturales. Actualmente se organizan coloquios con el rimbombante título De la cultura de la subvención a la industria cultural, mezclando conceptos que en principio parecen contrapuestos, subvención e industria, en estos debates se cae en la trampa de las denominadas industrias culturales y la puesta en valor de la cultura como recurso y no como derecho.
¿Derecho o recurso?, artimaña que condena a los creadores a ser meros empresarios o comerciales, los condenan a dejar de crear para emprender, palabra perversa en la sociedad actual. ¿crear o emprender?, diferentes conceptos con diferentes planteamientos culturales.
Son preguntas que deberían estar resuelta desde hace mucho tiempo, resueltas con claridad para estar presentes en la sociedad y entre los mediadores y receptores del derecho a la cultura.
Preguntas que constantemente se plantean entre administradores y administrados y más en época de crisis económica e ideológica como la que vivimos actualmente.
La administración pública nos condujo desde los años 70 del siglo pasado al callejón estrecho de las Industrias culturales, con el discurso de que la cultura tenía que ser sostenible y regulada por las leyes del mercado, oferta y demanda, postura que se aferra a la cultura como recurso, cuando todos sabemos que el mercado no es un buen distribuidor de recursos culturales. La cultura es un derecho y no un recurso, como derecho tiene que ser dotada de partidas presupuestarias.
La cultura actualmente ha ingresado en un estado de enorme precariedad, hoy se sostiene en una cuerda floja poco definida, que con la crisis económica tras la pandemia y con los nuevos usos y consumos culturales consecuencia de la revolución digital, pierde notoriedad olvidando su valor, pasa a ser entretenimiento para consumir, cuando reitero una vez más: la cultura es el comienzo de la educación y la educación el comienzo de la cultural. Es un bien inútil que conserva el valor de lo inútil
La cultura debe dejar de ser recurso y pasar a ser un derecho fundamental. El concepto cultura de la subvención es demasiado torticero e injusto, claro que el sector cultural es un sector que genera valor y mantiene muchos empleos, no cabe ninguna duda, pero a la vez es un derecho al que no podemos ni debemos renunciar, al igual que no podemos renunciar a una sanidad y una educación pública universal y gratuitas para todos y todas. Es urgente recuperar la notoriedad y relevancia del quehacer cultural. Dejo lo escrito para la posteridad y continuo con mis disquisiciones sobre la relevancia social de la cultura.
RECUPERAR LA RELEVANCIA SOCIAL II
¿PORQUÉ CULTURA?
La cultura nos permite intervenir en los imaginarios sociales, en la subjetividad, en las representaciones que percibimos, la cultura nos permite pensar de maneras diversas e, imaginar nuevas soluciones y nuevos horizontes. Además, la cultura, puede intervenir en la creación de vínculos, algo necesario para enfrentarnos y resolver los grandes retos que nos plantea el futuro en plena transformación digital. Transformación que esta cambiando nuestras vidas.
Actualmente la cultura está en un lugar secundario en nuestra vida porque uno la consume, ocupa tiempo de ocio, no la vive, la consume, inconscientemente hoy cultura y ocio van unidos, no se vive se consume, es así como aparecen conceptos nefastos para recuperar la relevancia social como los ya mencionados industrias culturales, cultura como recurso, sostenibilidad económica de la cultura, etc. ¡Es cultura, estúpido! Gritaría actualmente.
Para mí el gran reto de las políticas culturales que se deben aplicar es reconectar la cultura con la vida cotidiana, y así probablemente conseguiremos que tenga una mayor relevancia social. Es fundamental cambiar los modelos actuales de protección, difusión y ayuda para garantizar el acceso universal, ahora que estamos en pleno proceso de digitalización y revolución tecnológica, es más que nunca, necesario devolver la relevancia social a la cultura. La cultura se vive no se consume, esto implica participación, transparencia, formación y amplitud de miras.
Describir la realidad cultural en pleno proceso de cambio tecnológico se hace cada vez más difícil, nadie puede intuir lo que será muy pronto la realidad: ¿qué será la cultura digital? ¿cómo nos afectara la IA al sector cultural? Es una incógnita, lo que si será una nueva manera de vivir y percibir los imaginarios. Estamos en un momento de crisis y nos queda por hacer la tarea de recuperar la relevancia social de la cultura.








