Terror mudo


Por Antonio Tausiet

     Lugares públicos y secretos a la vez. Centros de reunión que mezclan catolicismo, control gubernamental, silencio y horror encapsulado. Algunos son destino de viaje familiar cercano los fines de semana. Otros son complejos exclusivos de retiro para ejercicios espirituales.

     Años de hierro, España, décadas cuarenta a setenta. Un marco temporal que abarca desde el final de la guerra hasta la movida. Los responsables, mandos del Movimiento, cuadros medios del ejército sublevado y empleados de las diócesis. También altos cargos de empresas y entidades de ahorro.

    El entramado viene de lejos. Acción Católica no se pudo eliminar en los breves años de la izquierda republicana. Sus tentáculos crecieron y se renovaron fortalecidos en los sesenta con disfraces modernizadores, Opus Dei, Compañía de Jesús, otras congregaciones que venían de la Francia colaboracionista.

   Y en los hogares, el cabeza de familia como representante. Tiene interiorizada la represión y la ejerce con su esposa y sus hijos. La ley de propiedad horizontal organiza en colmenas. Familia, municipio, sindicato. Oración en los dormitorios, en los colegios, en las piscinas y en las parroquias.

   Muchos ya llegan en coches baratos. Los más, en autocares fletados por la trama. Arquitecturas racionalistas, monjas en los pasillos que llevan a los baños. Da igual si es un santuario, un antiguo seminario, un hospital, un centro vacacional, un monumento a la victoria del mal. En el exterior, jardines mal cuidados.

    Capillas amuebladas con madera barnizada, salones recreativos donde no se levanta la voz, reclinatorios en rincones con alfombras gastadas. Algunos ancianos pasean sin rumbo. Jóvenes sacerdotes, cabos de guardia, consejeros espirituales, cocineras venidas del pueblo en la trastienda de las cafeterías donde fuman ujieres inválidos civiles.

    Humedad, telarañas y adoctrinamiento. En hostales cercanos, macarrones y trucha en el menú del día. Primero las radios con soniquetes de cuplé. Luego las televisiones en blanco y negro con locutoras tristes y toros en la Monumental. Las madres, desfondadas y al cuidado de los niños con pantalón corto. Los padres, con traje y corbata, zapatos viejos, palillos planos en el bolsillo algo amarilleados.

      Escaleras embaldosadas con barandillas sucias que llevan a terrazas para ver las montañas peladas. Pequeños charcos con hojarasca en las esquinas al aire libre. Hay oficinas que duermen con máquinas de escribir y archivadores grises. Custodian historiales de huérfanos, de excarcelados, de madres solteras, de excombatientes, de retrasados, de ferroviarios, de clases pasivas. Facturas de tapicerías y recibos de seguros de entierro.

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