
Por Javier Barreiro
Pocas noticias hemos recibido de nuestros antepasados respecto a los cantadores de hace más de un siglo y varias pertenecen a la leyenda, sin que pueda determinarse la veracidad y las circunstancias de los acontecimientos que los hicieron protagonistas.
Es el caso del Royo del Rabal y el Niño Moreno entre los más reconocidos, y también de otros como El Bolero, que tuvieron repercusión, al menos en su redolada. Fue la del Jalón la que correspondió a este jotero del que escribió Sergio Zapatería: “causaba asombro cantando la jota por sus enormes facultades y peculiar estilo”.
Iguales loas había recibido El Bolero de Demetrio Galán Bergua, que le dedica amplio espacio en El gran libro de la jota aragonesa. Su figura, junto a la de Dámaso Salcedo, fue fundamental en el desarrollo de la jota en la comarca y así ha quedado en la memoria bilbilitana hasta el punto de que, hasta hace poco, se solía decir: “Pa’jotero, El Bolero”. Sin embargo, no ha sido objeto de estudio o investigación alguna.
- Casa donde nació
Nacido en 1874 en el barrio de la Consolación, antigua judería bilbilitana, Hilario Gallego Ramón no fue más que un labrador de condición humilde, apreciado por su buen humor y carácter afable, pero, sobre todo, por “su voz excepcional y estilo personalísimo”, si bien oscurecido por su carácter tímido y retraído, que le llevaba a alejarse de la popularidad. Siempre hubo que insistirle para que cantara en público y nunca acepto ser fotografiado, por ello no son abundantes las referencias de sus actuaciones. Sin embargo, la primera vez que encontramos noticias de sus pasos es en la Fiesta Aragonesa celebrada en el madrileño teatro Príncipe Alfonso el 26 de mayo de 1895, donde suscitó el entusiasmo de la concurrencia y fue “celebrado por sus coplas y donaires”. Ya le decían “El Bolero” y todos los diarios de Madrid dieron cuenta de ese triunfo. Tanto fue así que dichos periódicos anunciaron su actuación para el sábado 1 de junio en el Teatro Lara, aunque no hay reseñas de la misma, lo que parece querer decir que no se produjo, fuera por negativa del cantador o por otras causas.
El 18 de octubre de 1901 se celebró en Guadalajara, una de las provincias donde se aprecia y admira el canto aragonés, otra Fiesta de la Jota y la rondalla ganadora fue la de Calatayud. En cuanto a los cantadores, el primer premio y las 100 pesetas fueron para Juanito Pardo y el segundo, dotado con 50, para Hilario Gallego “El Bolero”. Aparece después en el Concurso de jotas celebrado durante las Fiestas Calatayud el 12 de septiembre de 1904, en el que el primer premio fue para otro bilbilitano, Romualdo Arana, y el segundo para el zaragozano, Antonio Aznar “El Jardinero”. El jurado, impresionado por el gran nivel de los cantadores, creó dos accésits que fueron para El Bolero y Miguel Asso. El 8 de abril de 1906 canta con Pedro Peñalosa en una Velada celebrada en el Casino de Calatayud.
En la prensa ya no se encuentran más noticias de su actividad como cantador. Poco después se debió de casar con Juana Blas Colás, como él de humilde condición, con la que tuvo cinco hijos, de los que, al estallar la guerra, quedaban tres.
De su trayectoria en la jota, fuera cual fuese su influencia en su redolada, sólo han quedado las anécdotas. La más sustanciosa es la que deparó otro de sus sobrenombres, “Sinforoso”: El gran tenor Mattia Battistini (1856-1928) se encontraba tomando las aguas en el balneario de Paracuellos de Jiloca, especializado en afecciones de la piel, y se formó una ronda para agasajarlo. Alguien escribió una copla para que Hilario, analfabeto, la aprendiera. A la hora de cantarla, El Bolero prorrumpió:
Si en Madrid está el Palacio,
el Retiro y otras cosas,
en Paracuellos tenemos
güenas aguas sinforosas.
En Aragón, tras una metida de pata de ese calibre, uno queda Sinforoso para siempre.
Otra vieja jota que se le atribuye es la de la “burra morida”. Esta copla la grabó muy a finales del siglo XIX el Niño Moreno con uno de sus sobrenombres, El Baturrico de Andorra, en un cilindro, que, junto a Gabriel Marro, edité en Libro-CD “Primeras grabaciones fonográficas aragonesas, publicado en 2007 por el Gobierno de Aragón, con lo que no se puede afirmar que la copla fuera original de uno u otro cantador o, más probablemente, anónima:
Allá arriba en aquel cerro
hay una burra morida.
Yo no sé de qué habrá muerto
que tiene la boca abrida.
Galán Bergua afirma que, entre las pocas ocasiones que Hilario cantaba a gusto, se encontraba la festividad de San Pascual Bailón (17 de mayo). En su procesión, las mujeres bailaban delante de la peana del santo, a un muy jacarandoso ritmo de dulzaina y tamboril, costumbre ya desaparecida que aún llegué a tiempo de presenciar en el año 1980, aunque ya sólo danzaban cinco o seis viejas. En la época de intersiglos, la procesión se detenía en la puerta donde vivía el industrial don Felipe Martín y El Bolero entonaba varias coplas sin acompañamiento, la última era:
Calle de la Bodeguilla,
Casa de los Choriceros.
¡Viva San Pascual Bailón,
el santo de los sogueros!
Al producirse el alzamiento militar de 1936, El Bolero, con 62 años y ya casi olvidado, seguiría dedicado a supervivir como jornalero o con el fruto de sus pobres campos. La fotografía de la casa en que nació y habitó da cuenta de la precariedad de sus medios. Calatayud quedó en manos de los sublevados e, inmediatamente, hubo una violenta represión con abundantes detenciones, torturas y fusilamientos. Así, poco después de iniciarse las hostilidades, llegó la movilización de uno de los hijos de Hilario y Juana, Victoriano Hidalgo que, tras el entrenamiento, fue incorporado a una columna móvil del Regimiento Galicia nº 19. Por razones desconocidas, a principios de febrero de 1937, desertó en el carrascal de Alerre, muy cerca de la capital oscense, y no sabemos que fue de él, aunque se dijo que había muerto luchando en las filas republicanas, a las que, al parecer, se había pasado.
La deserción de Victoriano fue puesta en conocimiento del recién creado Tribunal de Responsabilidades Políticas, y, de conformidad con el decreto promulgado el 10 de enero de 1937, la primera providencia fue encarcelar a Hilario Gallego, que ingresó en la prisión de Zaragoza el 21 de mayo, confiscar sus tierras e investigar si había incitación por parte de la familia, solicitando informes a la Guardia Civil y a la policía de Calatayud y tomando declaración al padre, Hilario Gallego Remón, y a la madre, Juana Blas Colás. Don Luis Cosculluela Arcarazo, de Calatayud, fue designado juez del expediente, lo que se publicó en el Boletín de la Provincia.
El 15 de julio Juana Blas, analfabeta de 59 años, prestó juramento declarando:
(…) las últimas noticias que tuvo de su hijo Victoriano fueron el nueve de mayo último, en cuya carta no hablaba para nada de sus propósitos de pasarse al enemigo, no explicándose cómo lo ha hecho; que su marido Hilario alegó se encuentra preso en Zaragoza, desde el veintidós de aquel mes; que la declarante no ha hecho propagandas de izquierdas y que votó a las derechas, aun cuando no puede precisar los nombres.
Hilario, su marido -54 años, de profesión del campo, casado y domiciliado en Calatayud, calle Barranco de Pozas nº 9- declaró cinco días más tarde aduciendo, que la última noticia que tenía de su hijo era la citada carta del 9 de abril -uno de los dos se equivocó de mes- desde Vitoria:
“(…) pues se encontraba en los frentes próximos a dicha ciudad; que en ninguna ocasión le habló de pasarse al enemigo; que el dicente no ha hecho propaganda de ninguna clase en favor del funesto Frente Popular y sí lo hizo para las derechas durante las últimas elecciones, como también su esposa Juana Blas y su hija Engracia, habiendo votado el que habla, por tanto, así como su familia, para las derechas”.
Leída se ratifica y no firma, por manifestar no saber. Lo hace SS. conmigo de que doy fé.
Por la fecha de la carta, se deduce que el hijo estaba ya en el campo enemigo y, según la declaración de Juana, en ella no se dice nada acerca de la deserción, quizá sabedor Victoriano de que eso podría poner en compromiso a sus padres. Sí llama la atención que la carta, escrita en zona republicana, no fuera controlada por la censura.
El expediente siguió su curso con la petición de antecedentes del matrimonio al alcalde, la policía, la Guardia Civil de Calatayud y a tres personas de “reconocida solvencia moral”. Todos contestaron aduciendo la inexistencia de antecedentes políticos, la buena conducta y, como remarcó el brigada de la Guardia Civil, “sin ideal ni intervención pública”.
Los dos primeros testigos, José Sánchez Pérez, labrador de 42 años y Tomás Caballer Calvo, mandadero de 68 años, comparecen el 4 de enero. El tercero, José Gallego, recaudador de 38 años, tres meses más tarde, el 4 de abril. Los tres aducen la buena conducta, su ausencia de ideas disolventes y el alejamiento de la política, por parte del matrimonio.
El 30 de abril se decide levantar el expediente, dando cuenta a la comisión de incautaciones del acuerdo para eximir de responsabilidades a los investigados. La burocracia continúa su largo camino por diversas instancias hasta llegar a la Dirección General de Seguridad que, en un oficio al juez de su Inspector General, José Cabello, se da por enterada e informa de otros datos:
También tiene otro hijo voluntario en el tren automóvil, hoy en talleres, de oficio chapista, desde octubre de 1936, acto que llevó a cabo por encontrarse sin trabajo y este fue directivo de metalúrgicos de la CNT, como asimismo una hermana llamada Engracia afiliada a la CNT y, en cambio, el desertor carece de antecеdentes político-sociales. Hace constar la familia que por aquellos días se le murió la novia en Zaragoza, con la que pensaba contraer matrimonio y quizá pudiera influir en la resolución de desertar la contrariedad sufrida o la influencia de algún otro compañero del frente.
Informaciones, como se ve, no apreciadas anteriormente y que dan un toque novelesco a esta triste historia.
Con fecha 11 de junio de 1938, la Comisión, en informe al Excmo. Sr. Capitán General de la V Región militar, sobresee el expediente, no sin hacen constar: “V.E. no obstante, con más acertado criterio, resolverá lo que estime más conveniente al interés nacional”. Tras nuevas comunicaciones y oficios, finalmente, el 9 de julio se comunica su inculpabilidad a los expedientados, lo que significaba la devolución de los bienes incautados.
El Bolero, ingresado en la prisión de Zaragoza el 21 de mayo de 1937, fue excarcelado el 1 de diciembre. Sufrió seis meses y medio de prisión en un periodo en el que en la cárcel zaragozana se seguía fusilando. Es difícil imaginar la patética situación de los dos ancianos, expropiados de sus miserias. Más de un año de angustia para el matrimonio, sin otro medio de vida que la caridad que pudiese llegar de sus convecinos.
No es aventurado colegir que todos estos episodios sobrevenidos a la vida casi ignota de un jornalero analfabeto tuvieran que ver con la úlcera de duodeno que lo llevó a la tumba el 6 de febrero de 1942 en la misma casa donde había nacido.
ILUSTRACIONES
1-Calatayud, Aguadores 1902
2-Casa de El Bolero en la Judería bilbilitana
3-Javier Barreiro-Gabriel Marro, Primeras grabaciones fonográficas en Aragón (1898-1903) -disco-libro, con la grabación de José Moreno (Niño Moreno)
4-Calatayud, Sogueros, 1902
5-Niño con fusil, 1937
El blog del autor: https://javierbarreiro.wordpress.com/2025/10/10/hilario-gallego-el-bolero-de-calatayud-un-cantador-de-jota-legendario-y-su-hijo-desertor/













