
Por Sara Muñoz Rando.
Todos los días que salgo a la calle me topo con algún imbécil o alguna idiota.
No falla. En la totalidad de mis búsquedas de Sol o Luna me encuentro con un subnormal o una retrasada sin diagnóstico esperable que consiguen que se me ponga un no sé qué que qué sé yo entre el pecho y el coño que me atrapa y captura cual tronada ansiosa, saliéndoseme por las orejas y las manos que van directas a agarrarla del moño y … [inserte violencia]. Como en los cómics del Fantástico Ibáñez en los que aparecen bombas, asteriscos y demás símbolos fatídicos para representar el vituperio de la incontinente brutalidad, se deja al gusto del leyente la elección de la saña acometiente.
En este supuesto ámbito de naciones unidas que la ONU dice que es el mundo se nos ha instado a arrinconar la violencia moralmente hasta buscar censurarla en un recóndito escondrijo en el cual esperamos que pase qué. Como diría La Belinda: “sinceramente cariños míos” ¿qué esperamos? ¿que pazca mansa mientras se place onánica rascándose la panza?
Volviendo a casa, el otro día, un gilipollas le dice alto y claro a unos zagales: “Pronto a casa, eh”.
Estos asienten, medio riéndose, subidos a un muro sobre las bizis que otros montaron o montarán mañana.
Parece que el ababol que les increpa gratuitamente con su manifiesto tiene complejo de secreta y se vuelve a pronunciar con tono autoritario: “Pues eso” les responde de nuevo. Caminando con sus piernas tan separadas como si montase el caballo civil todavía, lleva el pecho tan erguido que sus hombros casi se juntan con el final de su espalda. El muy puntillo transita la vía con el interior de sus tobillos hacia afuera, confirmando con su pseudocresta mini flequillo non-bald-assumed que tiene tanta profundidad de ser como densidad capilar.
Cuando parecía irse triunfal de la plaza, uno de los chavales le grita sin gritar desde encima del murete: “Eres un mákina” con tal tonalidad que al segundo lo acompañan las risas del resto de camaradas de TNs manchadas y sudaderas negras del SNIPES (las cuales quiero pensar que son robadas o, bueno, venga, va, por sus madres compradas).
Herido el orgullo capitanesco del no confirmado gendarme decide responderles: “No lo quieras saber”.
Sonrío mientras paso donde ríen los ACAB y escucho cómo uno de ellos fantasea con reventarle el portal. Hay que ser fato pa’ decirle nada a 4 niñatos scrollers rollers que entrada la noche del martes no están en su casa metidos ya en la cama ¡cuando nadie te ha dicho nada! Tan siquiera habían depositado en ti su mirada. Has hecho lo que peor podías hacer, rubito: darles motivos. Ay, ternasco, que te envalentonas porque sabes que ya llevas las llaves en la mano, pero lo que no sabes es que uno de esos te conoce porque fue a clase con tu hermano. A ver, cazurro inconsciente, podrían ser 4 delincuentes reincidentes, pero que, claro, por el momento, los consideraremos inocentes. Los 6 presentes mantenemos todos los dientes. Quizá a alguno de los 4 ACAB les quede todavía alguno de leche. ACAB skin, pero SPQR vibes, ¿sabes, prim? Quizá el modorro polizonte no lo vea claro entre las farolas a medio alumbrar, pero puede que ellos sean más justos, más buenos, más valientes, más virtuosos de lo que se presente aparente en la penumbra. O no lo sean, ni fueron, ni serán y tiene razón el que daría su vida por el regente mandamás de la patria actual.
Desde aquí solo se aprecia como merluzo espectador un hecho aislado sin más contexto que el presentado. Seguiré informando en El Pollo Urbano. “Yo solo me baño cuando hay eclipse y cae en jueves” dice el Profesor Bacterio. Siempre he sabido que podría ser una gran agente de la TIA e investigar al tipo con aires de nacional que se las da de listo y es más bien gurriato. También sé que los 5 machos, cuando lleguen a casa, van a ver porno y después, antes de dormir, llorar un rato. Alguno de los 4 ACAB igual tiene suerte y lo abraza su madre al despertar.
Por favor (o sin favor), como diría el gran Emilio, un poquito de por favor. No me seáis zaborreros. Debemos aclarar contra qué enfocar nuestra insolencia. Podemos hacer una lista y, después ya, [inserte violencia].








