
Por Raimundo M. Soriano
Españoles, Franco ha muerto. Estas “mágicas” palabras fueron pronunciadas por el entonces presidente del Gobierno español, Carlos Arias Navarro, para informar en TVE que el dictador Franco había fallecido, hace 50 años, en un 20 de noviembre de 1975.
Lo podía haber dicho con otros giros o con diferentes palabras, pero lo que quedó en la memoria de todos los españoles fue la imagen de una cara compungida por su dolor y al final el Carnicerito de Málaga lloró.
En la televisión española, en aquella época, se filmaba con cámaras de 16 mm. de celuloide y había que asegurarse que la toma fuera buena, no sea que al revelarse hubiera algún fallo y no se pudiera emitir. Por ello, en momentos tan cruciales, en vez de hacer una segunda toma de seguridad, se realizaron tres. Según cuenta Miguel Ángel Aguilar, insigne periodista, Arias Navarro repitió las tres tomas de manera ejemplar como un consumado actor del método y en las tres al final derramó las mismas lágrimas. También en TVE, con un poco de guasa, afirmó que había que recuperar las otras dos intervenciones.
La agonía de Franco duró muchos días y como en cualquier dictadura la información hay que controlarla. El Gobierno de entonces acordó emitir unos partes a través de RNE y TVE para que todos los españoles estuvieran informados de la evolución de la enfermedad del dictador. Al principio estas informaciones fueron normales de un señor mayor que está pasando un catarro, pero cuando se complicó la cosa oíamos palabras como flebitis y para mí una que se me quedó que fue “heces en forma de melena”.
Los partes cada vez fueron más técnicos y tanto en la radio como en la televisión no explicaban nada. Los españoles desayunábamos, comíamos y cenábamos con unos términos que había que ir al diccionario médico o preguntarle algún amigo que estudiaba Medicina por su significado. También se les oía a las “malas lenguas” decir que a Franco se le trataba mal: en el Pardo, residencia del Caudillo, se improvisó una sala de hospital y hasta un quirófano que no fue muy resolutivo para recuperar la salud. En algún instante hasta la luz se iba y venía y los aparatos se desconectaban. Fue una chapuza, que se intentó solucionar con su traslado al hospital La Paz.
Ya entubado en el hospital o en el Pardo, Franco estaba más muerto que vivo. Pero se decidió por la familia, por prebostes del régimen o por fuerzas de ultratumba prolongar una agonía miserable que se confirmó con la foto del dictador moribundo lleno de tubos, cables y soledad. Foto que se le atribuyó a su yerno el ínclito marqués de Villaverde y publicada por Jaime Peñafiel en la portada de La Revista.
No es de extrañar que mientras se pretendía que todo estuviera atado y bien atado para continuar con una desgraciada dictadura y el presidente de las Cortes siguiera siendo franquista tras la muerte de Franco; al Carnicerito de Málaga, Carlos Arias Navarro, le diera tiempo para ensayar delante del espejo su rictus y sus lágrimas de cocodrilo para decir: FRANCO HA MUERTO.
¿Cómo se ve la figura del dictador Franco después de 50 años de su muerte? Pues depende de la ideología que tengas: los de izquierdas como un ser vengativo, asesino y retrógrado en todos los aspectos de la vida, y los de derechas, si son moderados, no lo justifican, pero tampoco lo condenan. Para la extrema derecha es su ídolo y un periodo mejor que los años de gobierno de Sánchez. Todo un síntoma de la estupidez humana.
No obstante, destaca la visión de la juventud. Según alguna encuesta reciente al 20% de estos jóvenes opinan que el régimen franquista hizo cosas buenas como las obras hidráulicas, que fueron diseñadas por la República, o mantener el orden público, que fue por medio del terror y de los fusilamientos.
Blanquear una dictadura es un ejercicio miserable que acarrea que la historia se pueda repetir. Las redes sociales son el canal principal de información de chicos/as de entre 16 y 25 años. Una información sesgada, simple y carente de análisis. La historia, principalmente la Historia Contemporánea, debería ser una de las asignaturas más importantes del bachillerato para entender de dónde venimos y cómo han sido los acontecimientos recientes.
Un aparte. No me que quiero olvidar de la moda de utilizar, para casi todo, la expresión histórico/a. Hay alguien que se cae por una escalera y sale un avezado vecino y afirma que esto es histórico. Los políticos, tertulianos, que son en algunos casos una peste y están en todas las salsas, parece que tienen clavado en la sesera “acontecimiento histórico”. Cuando, a mi modo de entender, muchas de estas aseveraciones son notas o datos para la historia.
Estos jóvenes, que brazo en alto, cantan el Cara al sol en una esquina como reivindicación de Franco y de una época pasada; no sé si saben que es un himno falangista creado por José Antonio. Vox, según las encuestas, es el partido que más crece entre los jóvenes de género masculino por ir a la contra de lo establecido. Como han cambiado las cabezas a la hora de pensar. El partido de extrema derecha tiene dos temas estrella: la emigración y la negación del cambio climático. Los cánticos, los emblemas del aguilucho y la parafernalia de otro tiempo son engullidos por una parte de la juventud huérfanos del sentido democrático.
Siempre ha habido gente de extrema derecha. No hay que olvidar que Blas Piñar ocupó un escaño en el Congreso de los Diputados en plena democracia y entonces se decía que lo votaban la reminiscencia del franquismo. Tampoco hay que olvidar que Alianza Popular, la madre y el padre del actual Partido Popular, fue fundada por siete ministros de Franco con Fraga Iribarne al frente y no renunciaron públicamente a su legado franquista. Pasaron de la noche a la mañana a ser demócratas.
Todo se olvidó en favor de inaugurar rápidamente una democracia y facilitar una transición que, a mi entender, tiene algunas patas de banco, principalmente en lo referente a la policía y la justicia. El ejército, poder fáctico por excelencia, se curó después del 23 F mandándolos por Europa y en misiones de paz de la ONU y primando más en los ascensos lo internacional que lo nacional.
Pero a la policía se les cambió el color del traje: el gris -los “grises” que perseguían y daban palos a diestro y siniestro a los huelguistas y a los estudiantes en los campus de las universidades- al marrón democrático. El espíritu permanece. Sólo hay que ver cómo la estopa no se reparte igual en una manifestación de izquierdas a una de derechas.
En cuanto a la Justicia es harina de otro costal. Como ejemplo: Los jueces del TOP (Tribunal de Orden Público) que aplicaban sentencias como centellas por desórdenes callejeros y sobre todo políticos, no se les tocó. Una mañana eran tan demócratas como sus colegas franceses y alemanes. A ningún político o partido se les ocurrió apartarlos y licenciarlos por su “trabajo debido”. De esos lodos estos polvos. La Justicia, y más su aplicación, es una asignatura pendiente. Que se lo pregunten al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.
La reina del vermú y de las cañas afirma que vivimos en una dictadura. Me gustaría a mí ver a esta señora decir tonterías, como cada mañana hace contra Pedro Sánchez, dirigidas al dictador Franco. ¿Cuánto dudaría? Nada, porque su Autonomía no existiría. Y ella iría besando las huellas del zapato del dictador.
La reina de la libertad, suena raro en su boquita de piñón esta palabra tan manoseada, merece un estudio a parte o un ensayo en profundidad. Pero parece que tiene predicamento porque sus “tontadas” son incluso portada, no de medios periodísticos afines, si no de periódicos más serios como El País. Olvidar sus chorradas y no tenerlas en cuanta sería un ejercicio de salud mental.
Estoy totalmente de acuerdo con el juez Castro que dice que habría que hacerle un estudio siquiátrico y olvidarnos de las estupideces permanentes de esta señora.








