
Por Juan Calos Cervero
Segunda etapa del Camino del Cid por tierras Aragonesas. Qué ver y hacer en Alhama de Aragón
Al llegar a Alhama el paisaje de extensas llanuras que forma la cuenca sedimentaria del Jalón y que nos ha acompañado desde tierras castellanas,…
…se transforma debido al encajonamiento del río formando un ancho cañón que deja a la vista espectaculares pliegues por los que manan numerosos manantiales. El paisaje de cereal cede protagonismo a la huerta, los sotos y pinares.
Alhama de Aragón/ Calatayud
Duración 6:39
Distancia 38,5 Km
Ascenso 610 m
Alhama de Aragón es conocida por la existencia de aguas medicinales que dan lugar a sus conocidos baños, y de los que deriva su nombre (Al Haman «los baños»). Romanos, árabes o cristianos han disfrutado de las aguas curativas que este entorno ofrece.
Hoy en día los manantiales medicinales siguen empleándose con fines terapéuticos. Destaca sin duda el impresionante lago termal -único en España- de casi dos hectáreas de superficie, con dos islas y un caudal impresionante de cristalinas aguas que brotan a 34º.
En Alhama los musulmanes levantaron una fortaleza que dominaba el camino y el curso del río. Alfonso I la ganó para los cristianos definitivamente en 1120. La airosa torre del homenaje de blanca piedra que destaca sobre el conjunto es posterior; quizá fue levantada en aquel siglo XIV tan agitado por las guerras entre castellanos y aragoneses.
La iglesia parroquial de la Natividad, es un templo barroco en el que destacan las yeserías que adornan la bóveda: una herencia de la habilidad de los alarifes mudéjares.
Los edificios de los balnearios, con aires modernistas que nos traslada a las épocas doradas de este tipo de establecimientos, el castillo, el desfiladero, las casas apiñadas al pie de las rocas y el río, conforman un paisaje urbano inolvidable para el viajero.
Qué ver y hacer en Bubierca
Encaramada en un pequeño cerro sobre el río Jalón, desde donde controlar estratégicamente el tránsito por el valle, la pequeña población de Bubierca ofrece una bella estampa al viajero. Citada como Boverca en los epigramas de Marcial ya en la roma clásica, donde el poeta latino glosa en varias ocasiones sobre las bondades de los frutos y la caza en sus tierras. Es muy probable que el paisaje actual que se va a encontrar el visitante del Camino del Cid le seduzca de manera similar que al poeta bilbilitano, atraído por la feraz huerta de su vega y los frondosos pinares que cubren buena parte de sus montes.
El lugar debió de formar parte de algún castro celtíbero que tras la romanización se convertiría en una villa romana vinculada a la cercana Bílbilis, de la cual no se han localizado restos. Coronando el cerro sobre el que se asienta la población, junto a la ermita de la Virgen de la Esperanza, encontramos los restos del antiguo castillo musulmán que formaba parte de la línea defensiva del Jalón y que como tal aparece citado en el Cantar de mío Cid. Sin embargo habrá que esperar al año 1120 para que las tropas de Alfonso I tomaran el control del valle del Jalón.
Paseando por sus estrechas calles no encontraremos edificios monumentales pero disfrutaremos con el aire tradicional que desprenden sus construcciones de adobe y tapial en las que parece que se haya detenido el tiempo. Junto la actual iglesia de San Miguel encontramos los restos del contrafuerte sobre el que se apoyaba la antigua iglesia; un bello edificio mudéjar que fue demolido en los años sesenta del siglo pasado, incapaz de soportar las afecciones de la ampliación de la carretera y las vibraciones del ferrocarril. Y es que, aunque el visitante no sea consciente, todo el cerro de la población está atravesado por un túnel que sólo llegaremos a apreciar cuando pase un tren.
Qué ver y hacer en Castejón de las Armas
El nombre de Castejón proviene de su castillo y de la antigua fábrica de armas blancas, cuyas espadas se templaban en las aguas de su río, el Piedra, protagonista absoluto pues atraviesa y divide el pueblo por la mitad.
Al parecer esta industria existía ya en el siglo XV, si bien hoy el pueblo está dedicado a la agricultura y el turismo.
El pequeño castillo, una fortaleza de mampostería que contaba con dos torres, hoy está en ruinas.
Dominan el pueblo la iglesia de San Salvador, iniciada en el siglo XIII, y la ermita de la Virgen del Cerro, del siglo XV aunque modificada en el XVII, desde donde se observa una bonita panorámica de Castejón.
Como curiosidad, los vecinos de Castejón solicitan para sí el origen del gran poeta satírico del siglo I, Marco Valerio Marcial.
Qué ver y hacer en Calatayud
Calatayud es conjunto histórico-artístico. Desde luego, la primera referencia para el viajero es su arquitectura mudéjar, declarada Patrimonio de la Humanidad. Los mudéjares eran los musulmanes que se quedaron en sus tierras tras la conquista cristiana. Los mudéjares utilizaban en sus construcciones materiales económicos -yeso, ladrillo, cerámica- para crear un arte geométrico, cromático e imaginativo muy singular.
En Calatayud es Patrimonio de la Humanidad la Colegiata de Santa María La Mayor, levantada, como era costumbre, sobre la antigua mezquita mayor de la ciudad. Consta de tres naves. Del estilo mudéjar originario se conserva el claustro, el ábside y la torre octogonal, de 68 metros de altura. Del mismo estilo, no tan alta pero de igual interés, es la iglesia mudéjar de San Andrés: las dos torres sobresalen sobre los tejados de la ciudad vieja y configurando el perfil de la ciudad. Encontrarás otro ejemplo de interés de arte mudéjar en las yeserías de la iglesia de Nuestra Señora de La Peña, asentada sobre los cimientos del castillo del mismo nombre.
El casco antiguo de Calatayud resulta muy interesante, no sólo por albergar algunos templos de interés -como la iglesia gótica de San Pedro de los Francos, del siglo XIV- sino también porque aún conserva parte de esa atmósfera de ciudad de primera mitad del siglo XX, palpable en algunos comercios, casas y letreros. En ese paseo el viajero atento se sorprenderá por el número llamativo de solares y edificios derrumbados, esto debido al terreno «móvil» sobre el que se asienta la ciudad.
Por último, si quieres respirar historia, si quieres sentirte soldado omeya o aragonés, solo tienes que subir al castillo. Se trata de uno de los sistemas defensivos islámicos más importantes de toda España: su cronología es muy variada, desde el siglo IX hasta el XV, pero es predominantemente árabe. Por toda la ciudad encontrarás restos de murallas y de sus castillos de origen islámico (de Doña Martina, de la Peña y del Reloj). El mejor conservado de todos, el más emblemático es el Castillo Mayor o de Ayub, que data de los siglos X-XI. Más de mil años te contemplan. Se halla sobre el alto que domina la ciudad. Para llegar puedes atravesar la ciudad, ascendiendo por los antiguos barrios de la judería y la morería.
Muy cerca del castillo de Ayub se encuentra una de las torres emblemáticas de la ciudad: la torre Mocha. Además, como propina, los yesos del paisaje, en la distancia y dependiendo de la hora y de la estación, ofrecen al viajero una perspectiva paisajística casi lunar.
No te puedes irte de Calatayud sin probar sus estupendos garbanzos con congrio o los fardeles: son platos típicos y diferentes, bien preparados, con buenas materias primas; vale la pena probarlos. El plato de carne por excelencia es el ternasco asado, todo ello «regado» con vino denominación de origen Calatayud. Aunque los vinos de Calatayud tenían fama de «duros», la cosa ha cambiado mucho desde hace unos años: merece la pena indagar en sus bodegas, quizá te lleves alguna sorpresa.
Los amantes del mundo romano, tienen pendiente una visita en coche: Calatayud se halla muy cerca de la ciudad romana de Bilbilis, cuna del gran poeta Marcial. Se trata de un yacimiento arqueológico muy importante. Si no tienes tiempo puedes acercarte al museo de la ciudad, donde se exhiben piezas de interés.








