Porqué conmemorar el Teatro / Esteban Villarrocha

Por Esteban Villarocha

     Cada año el veintisiete de marzo celebramos el Día Internacional del Teatro con el propósito de promover el milenario arte de Talía en todas sus formas de expresión, tratamos de crear conciencia de su relevancia y notoriedad.

     El acontecimiento me empuja a escribir esta reflexión sobre el oficio que en la actualidad vive enfrentado a grandes desafíos que ponen en riesgo su futuro, pero que permanece activo sin perder su capacidad para seguir deslumbrando a miles de espectadores en todo el mundo.

      Con razonada pasión en esta disquisición pretendo reivindicar las artes y las humanidades que en opinión de algunos descerebrados representan algo inútil, yo prefiero abrazar las ideas del manifiesto de Nuccio Ordine con el perturbador título: la utilidad de lo inútil. Su necesaria lectura pone en valor la necesidad del arte y el conocimiento que consideramos inútil, afirmo qué si es absolutamente necesario que el arte o el Teatro sirva para algo, será para enseñar a las gentes que hay actividades que no sirven para nada, pero es indispensable que existan.

     Cuando nos sentamos en la butaca de un teatro no sabemos lo que ocurrirá ni lo que veremos en el escenario, bajo mil juegos de luz allí cabe todo. Al espectador le guía siempre el curioso deseo de mirar junto al sentimiento de imaginar, porque en el teatro las cosas existen y pasan como en la vida. En el teatro lo que ocurre no es más que nuestra manera de mirarlas e imaginarlas. Quizás por esta circunstancia el Teatro, será la única arte que no podrá ser sustituida por ninguna tecnología, el Teatro transforma espacios en mundos diferentes, en donde el factor humano es esencial y en el que poder ver a los artistas a unos metros de distancia, es una manera de no perder nunca la confianza en el ser humano como hacedor de fantasías, creador de mitos, dioses y revoluciones. 

    El Teatro tiene la obligación de generar expectativas, en cada puesta en escena abrimos discusiones para tratar de dilucidar conflictos, analizar pasiones humanas, facilitando herramientas que favorecen el crecimiento personal, la reflexión y la crítica. Asistiendo al Teatro promovemos la actividad cultural y con nuestra presencia reivindicamos la dignidad y los derechos de los seres humanos. Creamos expectativas para crear espectadores.

      Federico García Lorca entendía el Teatro como poesía viva y humana, que surge del texto para gritar, llorar y sentir, el poeta lo veía como un arte esencial para la cultura y para confrontar la realidad, criticando el Teatro meramente comercial y vacío, y abogando por su conexión con el latido social y la verdad humana, no podía ser un entretenimiento superficial. Aunque como decía Federico: El arte, cuando es bueno, es siempre entretenimiento.

      El Teatro, el buen Teatro, ya se trate de tragedia, comedia, vodevil o soliloquio, no es dogma sino experiencia compartida y no solo es entretenimiento sino lugar de compromiso ético y búsqueda y expresión de la realidad humana. El Teatro establece un pacto de honestidad con el espectador, lo que se ha denominado la palabra dada y que consiste en que desde el escenario no se manipula, sino que se intenta revalorizar e iluminar la experiencia humana.

     El Teatro me despierta ternura por sus complicidades, por sus ilusiones, por su amor a la cultura, a la palabra dicha e interpretada, por el gesto que habla, por el grito desgarrado, por la exageración, por la rima declamada, por la metáfora, el Teatro me despierta ternura, sosiego, conocimiento.

    Las múltiples y diversas narrativas son perfectamente legítimas en las artes escénicas que son devoradoras y admiten todo, eso es lo que las enriquece y constantemente las actualiza su capacidad de adsorber lenguajes es infinita. Eso sí, siempre y cuando sobre el escenario sucedan cosas con suficiente intensidad, porque toda forma artística debe tener coherencia con su contenido. El Teatro tiene que provocar en el espectador los suficientes impulsos para la reflexión antes, durante o después de las emociones, que la representación nos permita pensar y desarrollar nuestro imaginario: emoción y reflexión. Celebremos el Día Internacional del Teatro llenando todos los patios de butacas del mundo, que sea un acontecimiento que devuelva notoriedad y relevancia a una actividad cultural: el Teatro  que estamos obligados a defender, promover y difundir.

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